"Recuerdos, que a pesar del mes transcurrido, siento cercanos." La experiencia de Diego

2 octubre 2018 francojoint

Desde el 18 al 26 de agosto de 2018, jóvenes de diferentes países de Europa se reunieron en el Intercambio Juvenil «Green Connection», que les ha ofrecido la oportunidad de vivir una experiencia de aprendizaje intercultural, compartiendo momentos de inclusión y llevando a cabo actividades relacionadas con la sostenibilidad ambiental, el respeto por la naturaleza, el deporte y el estilo de vida saludable.
Diego, fue uno de nuestros participantes del grupo español, y esta es su experiencia.

A la hora de escribir esta crónica evoco recuerdos, recuerdos, que a pesar del mes transcurrido, siento cercanos.
Para ser ordenado empezaré por el principio, me considero un joven inconformista, con un gran deseo por conocer gente nueva, compartir mis ideas y dejarme empapar por las de otros, características que se acentúan con el tiempo. Por tanto no debe pareceros raro que llevará un tiempo rondando por mi cabeza la idea de emprender un viaje, bien por mi cuenta o bien de la mano de algún tipo de agencia, pero decidí posponer estos planes hasta poder disponer de mis propios medios económicos.
Una mañana de primeros de Agosto recibo el mensaje de una buena amiga, informándome que va a participar en un intercambio cultural, organizado por una asociación y me anima a tratar de entrar en el proyecto. Debo ser honesto y deciros que al principio casi me atrapa el conformismo, llegué incluso a meditar una excusa que alegar, pero pronto recuperé la cordura y decidí ahondar en el asunto, de inmediato me sentí seducido por la experiencia propuesta: algo más de una semana de convivencia con otros jóvenes de diversas nacionalidades europeas bajo la temática de la sostenibilidad del medio ambiente. Me puse en contacto con la organización, escribí una carta de motivación y esperé una respuesta que no tardó en llegar. Estaba dentro y solo faltaba esperar a la fecha señalada, poco más de una semana vista.

El día 18 de Agosto, después de comer, monto en el coche con mis padres, el equipaje para nueve días y ocho noches y una inevitable, a la vez que estúpida, sensación de nerviosismo por lo “desconocido”, la cual irá in crescendo a medida que nos acercamos al destino, un pequeño pueblo burgalés. A pesar de ese, llamémoslo nerviosismo, uno no es tonto y sabe que una convivencia con otros jóvenes de diversos puntos de la geografía del viejo continente solo puede traer cosas buenas. Efectivamente, no me equivocaba, esa angustia se disipó por completo tras el instante en el que puse un pie en el centro en el que nos alojaríamos y vislumbre las fantásticos momentos que viviría allí durante mi corta, pero intensa estancia.

Desde el primer momento percibí un gran ambiente, con adolescentes, de entre 15 y 17 años, y jóvenes (monitores), con ganas de participar, conocer y dejarse enseñar. Esta actitud es perfectamente extrapolable a todos y cada uno de los participantes, a los cuales no tengo absolutamente nada que reprochar, más bien todo lo contrario, dedicarles palabras de agradecimiento por los fantásticos momentos vividos y por la cantidad de cosas aprendidas sobre sus diversas y ricas culturas. Pero como por otra parte es completamente normal, en un grupo de cuarenta personas, con cinco nacionalidades diferentes (italiana, española, eslovaca, búlgara y rumana), cada uno estrecha lazos más fuertes hacia unas u otras personas, en mi caso, cuajé una fuerte amistad con los compañeros italianos, viviendo infinidad de anécdotas que ahora, un mes, recuerdo con gran cariño y nostalgia. Había escuchado en varias ocasiones que entre mediterráneos nos solemos entender a la perfección, y ahora solo puedo refrendarlo. Dejando de lado la gran calidad humana del grupo, hasta ahora he obviado que toda la experiencia tuvo lugar en una lengua común, el inglés, que nos era extranjera a todos, brindándonos la oportunidad de poder sumergirnos en una burbuja y experimentar, en mi caso por primera vez, el fabuloso hecho de darte cuenta mientras estás en la ducha, que estás pensando en inglés o incluso que la primera palabra que digas al despertarte a las ocho de la mañana sea en la lengua de Shakespeare. Creo que puedo afirmar sin equivocarme que he aprendido más inglés en nueve días que en meses. Además este proyecto ha acentuado mi interés por mejorar y aprender nuevos idiomas así como ha despertado en mi un aún mayor interés por conocer nuevas culturas.

He hablado ya de mis infatigables compañeros, de mi increíble mejoría en el inglés, me falta hablar de las actividades realizas. Recuerdo que durante los primeros días los monitores organizaban juegos encaminados a que nos conociéramos, a “romper el hielo”; un día hicimos un ruta de senderismo alrededor del pueblo; recuerdo con gran diversión una actividad propuesta por los monitores llamada “el cubo”, el objetivo del juego era construir el mayor número de cubos de papel y con la mejor calidad, se nos dividía en grupos, cada grupo representaba a un país, cada país disponía de distintos recursos (hojas, tijeras, papel….) y debíamos proceder a la diplomacia para intercambiar materiales en función de los intereses de cada uno; también trabajamos la faceta agrícola, plantado diferentes hortalizas en un huerto aledaño al albergue; visitamos Burgos y disfrutamos de unas increíbles vistas desde su mirador ;otra actividad que recuerdo con gran son las “noches culturales”, cada país tenía una noche cultural, en la cual después de cenar cada nacionalidad mostraba al resto características propias a través de vídeos, juegos o concursos… en ninguna de estas actividades tuve atisbo de aburrimiento, ni mucho menos, pero sin lugar a duda los momentos más recordados son los que no estaban prefijados: las largas veladas nocturnas hasta altas horas de la noche con distendidas charlas sobre asuntos completamente diversos, risas, juegos.

Por último me gustaría agradecer una vez más a todos mis compañeros, por los momentos vividos y por las cosas aprendidas sobre sus países. Agradecer a las diferentes organizaciones culturales implicadas, especialmente a BRÚJULA INTERCULTURAL. Me gustaría también romper una lanza a favor de la Unión Europea, creo que realizan una labor impagable en cuestiones de educación y a la hora de facilitar contactos entre jóvenes, gracias por financiar este tipo de proyectos. A todos GRACIAS.

Diego De La Puente Martínez

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ASOCIACIÓN BRÚJULA INTERCULTURAL

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”