Irene y su voluntariado en Polonia entre Coronavirus y nuevas metas

15 mayo 2020 laura

Tras haberme cogido unos días libres por la visita de mi familia, me disponía a volver al colegio cargada de energía, pero que amarga sorpresa cuando un virus del que venia hablando la gente se hizo popular

Al principio nos dijeron que no nos preocupásemos, pero, en el fondo, todos sabíamos que nadie conocía cuales iban a ser los siguientes pasos. Tras la espera de esas dos semanas que nos mencionaron que teníamos que aguardar, se anunció el estado de alarma y la no apertura de los colegios e institutos hasta una fecha sin determinar.

Ya que aquí, en Polonia, la situación no era tan grave como en Italia, España, Francia, etc. puedo decir que esas dos primeras semanas fueron como unas vacaciones con amigos en una casa rural, tomar un poco de aire fresco, hacer todo aquello que nunca hacías por no tener tiempo, disfrutar de tus compañeros de piso, no tener la necesidad de madrugar o acostarte temprano, terminar todas aquellas series que siempre se comienzan pero nunca se terminan, recapacitar sobre uno mismo,  tener tiempo para pensar y no moverte por inercia.

Pero la comunicación de una prolongación sin fecha determinada para la apertura de los colegios junto con la participación en el primer OnLine Midterm de la historia y el deseo de mi familia por que volviera a casa, fueron los toques necesarios para que me diera cuenta de lo que en realidad pasaba fuera de mi burbuja. Esas “vacaciones” se empezaban a alargar cada vez más y lo único que queríamos era volver a realizar nuestras actividades.

Esa semana fue bastante complicada y desesperanzadora para mi, el ver como todo había cambiado, no solo para mi, si no para mis familiares y amigos, me destrozaba por dentro. Había perdido las ganas de continuar con la lista interminable de series y películas, me aborrecía el dedicarme tanto tiempo, me apetecía estar cansada, levantarme temprano, estar de pie en el tram y moverme apretujada en busca de un sitio, llegar al colegio y volverme loca con todo el mundo hablando en un idioma indescifrable para mi, estar con mis alumnos, hablar con los profesores, echar mano de mi sexto sentido para tratar de comunicarnos entre mi dulce coordinadora y yo, salir del colegio directa al gimnasio con una mochila cargada para más tarde ir a clases de polaco y al terminar reunirnos todos en algún nuevo bar, o en el de siempre… Me moría de ganas de seguir planeando la visita de pequeños pueblos de Polonia y países de cerca, me mataba escuchar el “ring ring” de mi teléfono para hacerme saber que ese viaje que planeamos hace un mes, ajustando los horarios de nuestras apretadas agendas, estaba a punto de llegar, y es que los teléfonos se pueden ir volviendo cada día más y más inteligentes, pero el “efecto Koronawirusa” no lo tenían instalado.

Tras la finalización del Midterm y gracias al apoyo de mucha gente para asimilar la crisis a nivel mundial que estaba teniendo lugar, empecé a ver la luz al final del túnel, tanto literal como metafóricamente hablando ya que, los días en Polonia, comenzaron a ser más largos y luminosos y usualmente acompañados de buenas temperaturas.

Aunque la cuenta de los días estaba más que perdida, y vivíamos en un eterno fin de semana, mi motivación empezaba a volver y las ideas llegaban en manada a mi cabeza, ¡era el momento de ponerse manos a la obra!
Así pues, con la colaboración y ayuda de mis compañeros de piso y amigos, me propuse retomar uno de los proyectos que había empezado en el colegio, clases de ballet adaptadas, así que con cámara y ordenador en mano las tardes se volvieron efímeras debido a las nuevas habilidades cinematográficas que me vi obligada, de alguna manera, a desarrollar ya que, no solo comenzamos a preparar estas clases, sino que también iniciamos la elaboración de actividades para los alumnos del colegio.

Deporte en casa, comidas “familiares” todos los domingos para tratar de marcar cierta diferencia entre las semanas, elaboración de un horario para sacar el máximo partido a los días, desarrollo de nuevas habilidades culinarias, lingüísticas y tecnológicas, descubrimiento de nuevos pasatiempos… la vida volvía a cobrar sentido.

A día de hoy continúo trabajando en los proyectos de grabación, estudiamos polaco, inglés, italiano, francés y alemán y parece que tengo idea de enseñar algo de español. He retomado el deporte al aire libre, muy importante para mi salud, no solo física, sino mental, como todos, me he vuelto una experta en videollamadas con familiares y amigos, dedico tiempo a mirar posibles oportunidades para el futuro, un futuro incierto, diferente a como lo habíamos imaginado… pero esta es la magia de la vida, nunca sabes con qué te sorprenderá o cuando decidirá cambiar de sentido, adaptarse a los nuevos cambios es un reto constante que no tenemos porque lidiar solos, apoyarnos de los seres queridos y fijarnos pequeñas metas para mi fue la clave para volver a recuperar el animo y las ganas de enfrentarme a nuevos desafíos.

Irene López de la Nieta Negrillo

ASOCIACIÓN BRÚJULA INTERCULTURAL

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”