El voluntariado de Asma en Ábrego

15 enero 2026 laura

Hace años quise vivir una experiencia en España; fue durante el covid y no pude hacerlo. Tenía muchas ganas de vivir una experiencia para mejorar mi español y crecer en un ámbito intercultural.

Después, encontré la oportunidad de hacer un voluntariado europeo. Al principio tenía que ir a Túnez, pero el contacto no siguió por diversos motivos y no me sentía capaz de ir con esas condiciones. La idea de vivir una experiencia en España volvió otra vez, ya que la entrevista con Bea y Laura fue muy bien. No elegí Burgos, sino Brújula y Ábrego para disfrutar de esta aventura, y no me arrepiento de haberlo hecho desde ese punto de vista. Cuando llegué, hacía un frío increíble, pero Bea y Laura me hicieron sentir muy acogida.

Mi primer día fue en el bosque, con frío, mucha gente que no conocía y que me conocía, jaja. Los primeros días no me sentí tan sola, pero con las semanas, el frío, la lluvia y la poca gente que conocía empecé a sentirme sola. Desde luego, busqué lugares para charlar y conocer gente nueva. Mi compi, me dijo que no había ninguna actividad de este tipo. Entonces pensamos en proponer intercambios de idiomas en la asociación, y fueron un éxito.

Había una persona inmigrante que vino a cada intercambio y que me decía que para ella ese momento era una cita muy importante. Eso me hacía sentir útil y sentir que, más allá de charlar, habíamos creado un espacio para conversar y conocernos.

Al mismo tiempo, fui mucho con Juan al bosque: aprendí muchas cosas y también el bosque me permitió conectar con la naturaleza, salir de la ciudad, disfrutar del buen tiempo y de las ciruelas, y admirar el maravilloso paisaje. Era mucho trabajo físico, pero ver los árboles y las plantas herbaceas me dio una gratitud inmensa y un espacio de meditación precioso.

Hubo días más difíciles, en los que la soledad de no conocer a mucha gente y sentirme aislada en algunas tareas me hizo sentir muy sola. En esos momentos tuve el apoyo de Bea y de amigas. A veces no es fácil decir cuando las cosas no van bien a personas que apenas conocemos, pero tampoco tenemos a nuestra familia cerca. Así que durante mi experiencia me di cuenta de que, incluso en poco tiempo, podemos construir relaciones reales y de confianza y compartir tantas cosas entre nosotros.

Durante el verano no había mucha movida en Ábrego, así que tenía más tiempo para desarrollar ideas. Quería proponer talleres de salud mental, ya que tenía tiempo para desarrollarlos. Fue un proyecto muy bonito y desafiante, con el apoyo de Ábrego y Brújula. El primer taller de salud mental fue sobre el autoconocimiento. El proyecto consistía en cinco talleres con temas diversos. Era un proyecto muy complejo y ambicioso en el que trabajé mucho. Los talleres fueron muy enriquecedores y me hicieron darme cuenta de que me gustaría aprender más y proponer más talleres en este sentido.

En el último taller se organizó una merienda de despedida; fue un momento de compartir sobre la vida burgalesa, las actividades y también de animarnos a aprender cosas nuevas. Fue un final de proyecto muy bonito. Una persona mostró cómo bailar country, otra compartió pasteles de León. Cada uno llegó con ganas de compartir pequeñas cosas y aprender otras, como filosofías de vida.

Así fue mi aventura: llegué con una mochila llena de ropa de abrigo, sueños, miedos y ganas de compartir, y ahora me voy con la misma mochila, pero llena de cosas nuevas y diferentes, lista para descubrir otros horizontes y ver nuevas oportunidades con otras miradas.

Asma

ASOCIACIÓN BRÚJULA INTERCULTURAL

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”