Mi año como voluntaria CES en
Magea Escuela Activa

20 agosto 2026 laura

Hace un año recibí la oportunidad de ser voluntaria en una escuela cercana a Burgos. Cuando llegué a la ciudad, Bea ya me estaba esperando en la estación de autobuses y, poco después, me mostró el piso que durante un año llamaría mi hogar. Gracias a mis coordinadoras, Bea y Laura, conocí rápidamente a los voluntarios de la ciudad, que pronto se convirtieron en amigos e incluso en familia. Me sentí muy afortunada de tenerlos porque desde el primer momento me sentí integrada y aceptada, y siempre podía escribir en el grupo de WhatsApp cuando quería salir del piso. Juntos celebramos cumpleaños, logros en el “trabajo” y también nos apoyábamos mutuamente cuando echábamos de menos a la familia, a la pareja o, simplemente, a nuestro país.

Gracias al voluntariado, mi vida se enriqueció con momentos inolvidables, algo que ni siquiera me hubiera podido imaginar antes. Entre ellos, no puedo dejar de mencionar: hacer el Camino del Norte entre Bilbao y Santander, celebrar la Navidad con mis “padres” italianos, pasar la Nochevieja en Madrid y tomar el primer vuelo para viajar a Mallorca, disfrazarme de “cowgirl” con las demás durante el carnaval y ver los partidos en el bar de siempre apoyando a la selección española durante el Mundial.

Pero incluso los días más rutinarios resultaron interesantes. En la escuela, en general, tenía un horario, pero al final cada día era un poquito diferente gracias a las diversas tareas de mantenimiento. La verdad es que disfruté mucho con estas tareas y me resultaron relajantes o, todo lo contrario, un reto. Durante este año pinté paredes, monté muebles y también ayudé a construir un techo para la caravana. Por supuesto, había días en los que no tenía mucho ánimo, pero la compañía me ayudó mucho. Con Arianna, la otra voluntaria de la escuela, no solo nos apoyamos, sino que nos convertimos en muy buenas amigas.

Además, con las profes también pude forjar una relación cercana, así que en la escuela me sentía muy cómoda y, cuando tenía alguna dificultad para hacer algo, siempre pude hablar abiertamente. Estoy agradecida a Ibone (de quien pude aprender mucho sobre educación y por sus consejos cuando impartí mi taller de ortografía), a Andrea y Pepa por las charlas dentro y fuera de la escuela, y a Sofi, con quien los viajes de ida y vuelta a la escuela se convirtieron en auténticas fiestas.

Aunque mi voluntariado ya ha terminado, está claro que dentro de poco voy a volver a esta ciudad, no solo por las buenas personas que conocí, sino también porque se convirtió en un hogar para mí.

Dorina

ASOCIACIÓN BRÚJULA INTERCULTURAL

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”