Un año en Magea.
La experiencia de Arianna

21 agosto 2026 laura

Hace siete meses llegué a Burgos con muchas ganas de vivir una experiencia diferente. Quería salir de mi zona de confort, mejorar mi español y trabajar con niños en un contexto distinto al de una escuela tradicional. También tenía mucha curiosidad por conocer una metodología diferente y descubrir cómo era el día a día en una escuela como Magea. Llegaba con ilusión, pero también con la incertidumbre de empezar una nueva etapa lejos de casa.

Los primeros meses fueron sobre todo de adaptación. Lo que más me costó fue el frío de Burgos, algo a lo que nunca terminé de acostumbrarme. Todo era nuevo para mí: la ciudad, el idioma y una forma de trabajar muy diferente a la que estaba acostumbrada. Poco a poco fui conociendo mejor la escuela, entendiendo su manera de trabajar y sintiéndome cada vez más integrada. Desde el primer día, las profesoras me acogieron con mucho cariño y, casi sin darme cuenta, terminé sintiéndome parte del equipo y de una gran familia. Nunca imaginé que, en tan poco tiempo, un lugar completamente nuevo pudiera llegar a hacerme sentir como en casa.

Lo más bonito de todo este tiempo ha sido poder trabajar con niños de 3 a 6 años. Me encantaba acompañarlos en las actividades y formar parte de su rutina diaria. Cada mañana empezábamos con la canción de Los Buenos Días. Era el momento de reunirnos todos para que cada niño compartiera cómo se sentía o contara algo que le había pasado. Después llegaban las diferentes actividades: preparar el almuerzo, hacer pan, arte, música, materiales, juegos y tiempo al aire libre. También realizamos muchas salidas, como visitas a la biblioteca, al Museo de la Evolución Humana o a Mil encinas. Me encantó conocer una forma diferente de entender la educación, en la que los niños experimentan, participan y son protagonistas de su propio aprendizaje.

Una de las cosas que más me sorprendió de Magea fue la autonomía de los niños y la importancia que se daba a la educación emocional. Me llamó mucho la atención la forma en la que aprendían a resolver los conflictos hablando, escuchándose y respetando las emociones de los demás. Todo esto me hizo reflexionar sobre una manera diferente de acompañar a los niños en su crecimiento y de entender la educación.

Tuve la suerte de vivir esta experiencia junto a Dorina, la otra voluntaria de la escuela. A lo largo del proyecto pasamos muchísimos momentos juntas, tanto dentro como fuera de ella, nos apoyamos en todo momento y construimos una amistad muy bonita que siempre recordaré.

Este voluntariado me ayudó a confirmar que me gustaría trabajar con niños en el futuro. Me ha demostrado que es un trabajo que requiere paciencia, dedicación y mucha implicación, pero que también puede darte muchísimas satisfacciones a nivel personal. Durante estos meses, cada día en la escuela era diferente y los niños siempre conseguían sorprenderme con algo. Su ilusión, curiosidad y espontaneidad son, sin duda, algunos de los recuerdos más bonitos que guardaré de esta etapa.

El último día de escuela fue, probablemente, el momento más emocionante de todo el proyecto. Despedirme de los niños fue mucho más difícil de lo que esperaba. Sus abrazos, los dibujos que cada uno hizo para mí y las bonitas palabras que me escribió María José fueron un regalo muy especial. En ese momento me di cuenta de cuánto había significado esta experiencia para mí y de lo mucho que habían conseguido llegar a mi corazón.

Mi voluntariado no habría sido lo mismo sin todas las personas que conocí durante este tiempo. Guardo un recuerdo muy especial de los momentos vividos con Louise y Csenge en la Casa Moscón, de las amistades que hice, de los viajes que tuve la oportunidad de hacer por gran parte de España, descubriendo lugares nuevos y diferentes rincones del país, de las fiestas, de las tradiciones y de todo lo que descubrí de la cultura española. Son recuerdos que siempre me harán sonreír cuando piense en esta etapa de mi vida.

Me voy muy agradecida a Brújula Intercultural, a Magea y a todas las personas que han formado parte de este camino. Gracias por todo lo vivido durante este tiempo. Ahora empieza una nueva etapa, pero estoy segura de que siempre llevaré conmigo un pedacito de Burgos y de todas las personas que han hecho posible esta experiencia.

Arianna

ASOCIACIÓN BRÚJULA INTERCULTURAL

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”